"La historia del terrorismo en el siglo XX nos muestra que la
'guerra contra el terrorismo' no se puede ganar a menos se que
erradiquen sus causas, mediante una transformación del mundo
en un lugar sin sufrimientos, algo que no ocurrirá".
Así de tajante se muestra Stella
Rimington, una experta acostumbrada a tratar cuestiones
relacionadas con el terrorismo ya que fue la primera mujer en
ocupar la dirección del MI5, los servicios secretos
británicos, entre 1992 y 1996, y que critica en su
autobiografía la forma en que las autoridades han hecho frente
a lo sucedido tras el 11 de septiembre, "como si les hubiese
cogido por sorpresa".
Rimington deja claro en la introducción del libro, 'Open
Secret', que fue editado por primera vez tres días antes de
los atentados y que ahora vuelve a salir con un prefacio
actualizado, que "el terrorismo no comenzó el 11 de septiembre
y no terminará allí". Y es que, a su juicio, esta fatídica
fecha "fue sólo el último peldaño en un fenómeno que ha
golpeado desde al menos los años sesenta".
Esta experta muestra su sorpresa no por lo ocurrido hace ahora
un año, sino por la reacción que hubo a ello, indicando que el
shock registrado a nivel mundial era normal dado que hasta
ahora los ataques terroristas se limitaban a una explosión,
mientras este duró varias horas, a lo largo de las cuales las
víctimas tuvieron incluso tiempo de despedirse de sus
familiares.
Recuerda además Stella Rimington que este no era tampoco el
primer atentado contra Estados Unidos por parte de extremistas
islámicos, ni siquiera el primero contra el World Trade Center,
si bien los métodos utilizados sí fueron diferentes, aunque
con el mismo objetivo. Además, subraya que cuando fueron
detenidos los autores del primer atentado contra el WTC ya
advirtieron de que otros volverían a hacerlo.
"NO ES IMPROBABLE UN ATAQUE QUIMICO"
Explica que la gran diferencia entre Al Qaeda y otras redes
terroristas es la disposición de sus miembros a suicidarse,
algo que llevan a cabo con entusiasmo. Es por ello que parecen
preparados para llevar a cabo cualquier tipo de atentado, por
horrible que sea, por lo que "no se puede ver como algo
improbable" un ataque químico, biológico o nuclear.
"Pero esto no significa que haya que hacer frente a ello de
manera diferente. Hay que seguir haciendo lo que se hacía,
pero en mayor medida y de forma más efectiva", indica esta
experta, quien considera poco acertado echar la culpa de lo
sucedido a un fallo en los servicios de inteligencia, ya que
lo más difícil para las personas que llevan a cabo esta tarea
es averiguar cuándo y dónde se producirá el próximo ataque,
especialmente teniendo en cuenta el hermetismo que rodea a
este tipo de grupos terroristas, dado que sus miembros suelen
conocerse desde hace mucho tiempo, lo que hace casi imposible
introducir un infiltrado.
En ese sentido, apunta que si los sistemas técnicos de
inteligencia son cada vez más sofisticados, también lo son los
terroristas, aunque esto a su vez les hace también vulnerables
a ser localizados mediante las modernas técnicas comunicación.
A su juicio, es posible que hasta el 11-S no se hubiese
llevado a cabo una investigación completa, teniendo en cuenta
todos los puntos de vista, de la red Al Qaeda, por lo que
insta a hacerlo a partir de ahora. Pero, subraya, eso no debe
dar pie a los gobiernos a inclinar la balanza hacia el lado de
la seguridad en lugar de hacia la libertad, ya que actuar así
"sería permitir al terrorismo ganar su guerra contra la
democracia antes de que se efectuase el primer disparo".
Así, señala que antes del 11-S habría sido "políticamente
inaceptable" para los servicios de seguridad ver a las
mezquitas como un objetivo a ser investigado, "pero ahora no
es tan impensable". "El equilibrio entre libertad y seguridad
ha cambiado", afirma.
MEDIDAS PREVENTIVAS DE SEGURIDAD
Stella Rimington apunta que la inteligencia por sí misma no
puede dar todas las respuestas al terrorismo, incluso aunque
se inviertan muchos recursos en ello. "Junto a la inteligencia
debe haber medidas preventivas de seguridad, basadas en las
indicaciones y objetivos obtenidos mediante la inteligencia, y
que sean continuamente revisados según cambian los métodos".
"Si es cierto que el FBI tenía informaciones, aunque vagas, de
que un importante grupo de estudiantes islámicos estaban
tomando clases en escuelas de vuelo, entre otras cosas,
deberían haberse revisado las medidas de seguridad en los
aeropuertos internacionales", destaca, agregando que
"es muy
importante que la inteligencia dé lugar a medidas de
seguridad, de forma que se proteja las cosas que son
genuinamente vulnerables". "De lo contrario, la industria se
convierte únicamente en una industria en sí misma sin ocuparse
de proteger las cosas que realmente pueden estar en peligro",
señala.
Por otro lado, Rimington ve con cierta preocupación la
creación por parte de Estados Unidos de una agencia que
coordine a las demás en este campo, no tanto porque pueda
llegar a controlar a las demás agencias del mundo, sino por
que pueda añadir más confusión a la ya existente, al no
resultar más que una forma de tapar los fallos cometidos
anteriormente.
Finalmente, considera que la forma más efectiva de parar a los
terroristas es "negarles la publicidad que buscan", si bien Rimington reconoce que esto es algo casi imposible de lograr.
A pesar de ello, insta a los políticos a "utilizar palabras de
desprecio en sus respuestas, en lugar de la retórica de la
venganza", algo que sólo "alimenta el odio creando un círculo
vicioso". "Cuando se produce un ataque terrorista con éxito,
debemos intentar que nuestra reacción no dé a los terroristas
una mayor satisfacción de la que ya han obtenido por la muerte
y destrucción causadas", concluye el prefacio de su biografía.
lunes septiembre 09, 2002