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El Partido Social Demócrata alemán (SPD), del
canciller Gerhard Schroeder, sufría su peor resultado desde la Segunda Guerra
Mundial, mientras los conservadores del primer ministro francés Jean Pierre
Raffarin encajaban su segunda derrota en cuatro meses.
El Partido Laborista del primer ministro británico, Tony Blair, se
encaminaba también a ser castigado por su apoyo incondicional a EEUU en la
guerra de Irak, y el partido Forza Italia del primer ministro Silvio Berlusconi
parecía sufrir un retroceso suave.
Reflejando el desencanto popular por las instituciones europeas, que se perciben
a menudo como elitistas y distantes, menos de la mitad de los 350 millones de
electores en el bloque de 25 naciones se tomaron la molestia de depositar sus
votos en las mayores elecciones transnacionales del mundo.
"Lamentablemente, Europa está demasiado ausente de las elecciones europeas en el
Este y el Oeste" dijo el presidente saliente del Parlamento Pat Cox.
Un aumento del apoyo al Partido Independencia en el Reino Unido, que favorece
salir de la UE, y de los populistas de derechas en Polonia, preveía aumentar el
número de euroscépticos en la nueva legislatura, pero perdían terreno en
Francia, Austria y Dinamarca.
Cox dijo que los euroscépticos y los nacionalistas de derechas representarían
como mucho un 10 o un 15 por ciento del Parlamento, que continuaría siendo en su
mayoría pro-europeo.
La participación de los comicios que se celebraron a lo largo de cuatro días fue
extrapolada a un 44,6 por ciento en toda la Unión, en comparación con el 49,8
por ciento de 1999.
Esta tendencia a la baja se vio aumentada por la participación de sólo un 26 por
ciento de los votantes de los diez países en su mayoría ex comunistas del Este
de Europa, que votaban por primera vez tras unirse a la UE en mayo.
Las humillaciones para el SPD alemán, que registraba en las encuestas sólo un
21,4 por ciento de los votos, y del UMP francés, que se quedaba con un mero 16,5
por ciento, reflejaban la ira de la población hacia el estancamiento de la
economía, el desempleo y las dolorosas reformas del estado del bienestar
llevadas a cabo por las políticas de la UE.
LA DERECHA POPULAR PRIMER PARTIDO EUROPEO
La Unión Demócrata-Cristiana (CDU) alemana y su hermano, el partido bávaro,
triunfaban con un 46,5 por ciento de los votos, y dominarán lo que está previsto
que continúe siendo el mayor grupo de la legislatura europea, el Partido Popular
Europeo derechista (EEP) con los 269 de los 732 escaños.
Los socialistas franceses obtuvieron el mejor resultado de su historia en
Europa, con más de un 30 por ciento de los votos, y deberían convertirse en el
mayor componente del segundo grupo del Parlamento Europeo, el Partido de los
Socialistas Europeos, con unos 199 escaños.
"Los votantes usan las elecciones en muchos países para sancionar a sus
propios gobiernos, y los debates los centran asuntos domésticos en lugar de
europeos", dijo John Palmer, director del Centro de Política Europea con
sede en Bruselas.
Los Demócratas Liberales se perfilaban como el tercer grupo con unos 66
europarlamentarios, y los Verdes serían los cuartos con 39 escaños.
No estuvo claro inmediatamente cual sería la alianza para gobernar el
Parlamento. Políticos dijeron que los socialistas junto con lo que podría ser un
grupo liberal ampliado impulsado por los desertores del EPP estaban explorando
un posible acuerdo.
Dos potenciales candidatos para el puesto clave de presidente de la Comisión
Europea - el primer ministro belga Guy Verhofstadt y el primer ministro
luxemburgués Jean-Claude Jucker - experimentaron una suerte dispar el domingo.
Los liberales flamencos de Verhofstadt, fueron derrotados de forma humillante
por el ultra derechista Vlaams Blok, en las elecciones regionales en Flandes,
pero prometió que su gobierno federal continuaría sólido.
Juncker, un demócrata-cristiano y el líder que ha servido a la UE durante mayor
tiempo, fue elegido triunfalmente en el Gran Ducado, pero ha dicho que no quiere
el trabajo de Bruselas.
Unos 14.700 candidatos concurren a unas elecciones en las que se eligen 732
eurodiputados en la asamblea de poder creciente, que tiene una voz decisiva en
regulación financiera, presupuesto anual, y leyes de transporte, trabajo y medio
ambiente.
Dos gobiernos recientemente elegidos, el socialista español y el conservador
griego, desafiaron la tendencia general anti-gubernamental. Los votantes
españoles volvieron a confiar en el PSOE, mientras que en Grecia se impuso Nueva
Democracia.
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