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“A muchas damas les tengo que decir que no son pecadoras
y que a una cierta edad es común sentir mayor excitación, porque hay más
estrógenos en el organismo” |
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Macarena Soto Pedraza - Ultimas noticias de Chile //
- La jornada laboral del sexólogo César Menéndez no termina cuando atiende al
último paciente en su consultorio. En ese preciso momento el doctor se desdobla
y se sienta frente a un computador para responder una a una las decenas de
preguntas que le llegan por correo electrónico.
Menéndez (55), quien es sicólogo, sicoterapeuta y sexólogo, lleva dos meses
solucionando por internet las trancas sexuales de los chilenos y ya está
convertido en una especie de “Doctor Cariño” on line. A través de la tienda
virtual para adultos www.sexoterapia.cl da consejos y orientación a quienes
buscan cómo disfrutar de una mejor calidad de vida sexual. “En la web soy el
responsable del soporte clínico y sicológico, doy opiniones y respuesta a las
consultas sobre disfunciones sexuales y las relaciones de pareja”, apunta el
profesional, quien también se desempeña como director del Área Sicología del
Centro de Sicología y Siquiatría de Santiago.
En el sitio figuran varios modelos de juguetes eróticos que ya están agotados.
Menéndez asegura que su labor no es incrementar las ventas de
estos accesorios, sino que dar un plus con asesorías gratuitas en todo lo que a
sexualidad se refiera: “Mucha gente se ha interesado en mis opiniones,
incluso algunos me solicitan una cita para solucionar disfunciones sexuales,
como la eyaculación precoz en los hombres y la anorgasmia en las mujeres”.
Por lo general los mails son anónimos, pero en sus primeros 60 días de atención
virtual el doctor ha notado que el mayor porcentaje de los pacientes
cibernéticos es de sexo femenino. De acuerdo a su experiencia, “la mujer es
muy susceptible a manifestar disfunciones sexuales, ya sea por represiones o
sentimientos de culpa, en donde influye mucho la cultura y la sociedad”.
Inquietudes morales
De los mensajes que recibe son reiterados los casos de féminas que nunca han
tenido un orgasmo en 10 ó 20 años de matrimonio, lo que se suma a las
inquietudes morales de algunas mujeres al relacionar el deseo sexual con el
pecado. “La religión determina qué es o no normal en las relaciones íntimas.
A muchas damas les tengo que decir que no son pecadoras y que a una cierta edad
es común sentir mayor excitación, porque hay más estrógenos en el organismo”,
explica Menéndez. “Entre los 40 y 50 años las mujeres experimentan cambios
relevantes a nivel hormonal, por lo que en potencia sexual son como un hombre de
20 años”.
Jugar genera felicidad
Ya que casi el 90% de las consultas es de origen sicológico y sólo el resto es
por causa fisiológica, Menéndez recomienda un remedio infalible y al alcance de
cualquier bolsillo: incorporar juegos y diversión a los encuentros íntimos.
Plantea que con esta práctica se generan reacciones bioquímicas que provocan a
las personas estados de felicidad. Según dice, los juguetes para adultos, como
lencería especial, lubricantes con sabores, disfraces y accesorios varios,
enriquecen la actividad sexual y al mismo tiempo hacen más placentera y sana la
relación de pareja.
Si tiene dudas o no se atreve a usar juguetitos, el especialista se lo deja
claro: “Si bien es recomendable utilizarlos por su condición lúdica, no hay
reglas específicas, porque la realidad síquica de cada ser humano es distinta.
Lo que es bueno para algunos, es malo para otros”. O sea, depende de cada
persona.
Menéndez cuenta que hay hombres que se sienten celosos cuando ven que su pareja
disfruta más con un juguete que con él. Pero las dudas más recurrentes y quizás
las más sinceras que llegan por internet es cuando le consultan qué es bueno y
qué es malo hacer en la cama, y otras relacionadas con la frecuencia, capacidad,
rendimiento y niveles de placer.
Para los trastornos graves, si es necesario, está la terapia. El sexólogo cobra
30 mil pesos por la hora de atención. A Menéndez le ha tocado atender parejas y
lejos prefiere recibirlos de a dos antes que solos. También entrega orientación
prematrimonial y “a veces les recomiendo que aunque se quieren y se aman, no
son para casarse. Unos igual se casan, no toman el consejo y regresan a los
cuatro o cinco años diciéndome que tenía razón”.
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