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Una anécdota de los años 90, cuando hacía sus primeros "pinitos" como
informadora colaborando con el diario "ABC" desde el barrio madrileño de Rivas
Vaciamadrid, al sureste de la capital, puede servir para dibujar el carácter de
esta bella asturiana de pelo castaño y ojos claros.
Enfadada porque un redactor jefe insistía en "castellanizar" su nombre,
cambiándole en sus crónicas la "z" por una "c", no dudó en presentarse en su
despacho, carnet de identidad en mano: "¡Letizia con zeta, como Oviedo con o!".
Hoy se sabe, por cierto, que la grafía fue un deseo de su madre y que ésta hace
referencia a una virgen italiana.
El mismo temple lo demostró el día de la petición de mano, el pasado 6 de
noviembre, cuando compareció con el príncipe Felipe ante unos 300 periodistas:
"¡Déjame terminar!", exclamó cuando su prometido intentó interrumpirla.
El gesto cayó mal a los monárquicos más conservadores, que hubiesen preferido
una futura reina más dócil, de noble abolengo y, sobre todo, "sin pasado".
Porque Letizia está divorciada, al igual que lo están sus padres, y esto es algo
que en ciertos círculos aristocráticos está considerado una auténtica mancha.
Allí tampoco habrá gustado que el abuelo materno de la futura princesa de
Asturias sea un hijo de albañil que trabajó como taxista y que durante la Guerra
Civil (1936-1939) combatió en el bando republicano contra las tropas del después
dictador Francisco Franco. O que la madre, Paloma Rocasolano, sea enfermera... y
sindicalista.
Para la mayoría, en cambio, todo ello demuestra que Letizia es una mujer
moderna, de su tiempo.
Es, sin duda, una mujer con carácter, que sabe lo que quiere y lucha por
conseguirlo. Así llegó también, en septiembre de 2003, a convertirse en la
presentadora del noticiero estelar de la cadena pública TVE, con cuatro millones
de espectadores cada noche.
Nacida el 15 de septiembre de 1972 en Oviedo, en el seno de una familia de clase
media, Letizia Ortiz Rocasolano es hija y nieta de conocidos periodistas. Su
abuela paterna, Menchú Alvarez del Valle, era una de las voces más famosas de la
radio asturiana en la segunda mitad del siglo XX, y su padre, Jesús Ortiz,
director de una emisora de la misma región.
Sus primeros quince años los pasó, junto con sus hermanas menores Telma
-cooperante de Médicos Sin Fronteras- y Erika -graduada en Bellas Artes-, en
Oviedo, donde iba al colegio público La Gesta. Allí la recuerdan como una
colegiala muy despierta y pícara.
Después de su traslado a Madrid, cursó el bachillerato en el instituto Ramiro de
Maeztu y estudió periodismo en la Universidad Complutense, donde se graduó en
1995. A ello seguirían trabajos en el diario "ABC", la agencia EFE y un máster
en periodismo audiovisual en México, donde escribía para el diario "Siglo XXI"
de Guadalajara.
Tenía entonces 23 años y estaba
dispuesta a "comerse" el mundo. "Quiero ir a México y conocer cosas, conocer
gente. Estar sola, sentir el desarraigo, no tener a tu tierra, a tu gente",
decía. Como la enamorada de Latinoamérica que es -ha estado también en Colombia
o Costa Rica-, viajar al otro lado del Atlántico era su gran ilusión.
Sus siguientes pasos los dio en Madrid en el canal de televisión de información
económica Bloomberg y en la rama española de la cadena CNN, donde era
presentadora de los noticieros de la madrugada, lo que suponía levantarse a las
dos y media de la mañana.
"Desde el principio dejó claro que tenía unas metas profesionales muy
definidas", recuerdan sus compañeros de entonces, quienes además la descibían
como una chica espabilada, nerviosa, afectuosa, moderna en el vestir, elocuente
y luchadora.
Siempre llamó también la atención su delgadez -mide 1,68 metros, casi 30
centímetros menos que el príncipe, pesa 50 kilos y usa talla 36-, fruto del
trajín de su profesión pero también de un estricto régimen alimenticio y del
gimnasio.
Pero mientras Letizia subía escalones en su trabajo, se iba a pique su
matrimonio con el profesor de Literatura y escritor Alonso Guerrero, su antiguo
maestro de instituto y novio durante diez años, los mismos que él le lleva en
edad. Se habían casado -por lo civil- en agosto de 1998 y un año y medio después
firmaron el divorcio.
El estrés de la profesión de Letizia y su horario nocturno tuvieron mucho que
ver en la ruptura, de la que ella se culpaba. "Soy una idiota, me he cargado mi
matrimonio", comentan que dijo entonces. Sus padres se habían separado al día
siguiente de que ella se casara.
Pero en lo profesional, la futura reina de España seguía ascendiendo. En el 2000
fue "fichada" por la cadena pública TVE, para la que cubrió como enviada
especial todos las noticias de envergadura de los pasados años: los atentados
del 11 de septiembre en Estados Unidos, el desastre del petrolero "Prestige" en
Galicia o la guerra en Irak.
Y todo ello con el tesón que la caracteriza. "Si en el Palacio de La Zarzuela no
es feliz, si su relación con Felipe no cuaja, se separará", llegó incluso a
aventurar alguien de su entorno más próximo. (Por Jorge Vogelsanger, IBLNEWS-Dpa)
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