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Se reproduce a continuación el artículo del periódico
digital El Confidencial.com. Notables mosqueos, enfados sublimes y hasta
arrebatos de incontenible furia se han producido estos días entre los que,
considerándose con títulos suficientes para figurar como invitados a la boda del
próximo sábado entre Felipe de Borbón y Letizia Ortiz, han sido olvidados,
preteridos por el protocolo real, de modo que se verán condenados a presenciar
el evento por la televisión.
Es hora de aceptar la dura realidad: muchos ilustres amigos
del Monarca se quedarán el sábado en casa, rumiando su enfado. A pesar de
tratarse de un acontecimiento de Estado, por tanto un acto oficial, La Zarzuela
se ha negado hasta el momento a hacer pública la lista de invitados. El
Confidencial lo ha intentado durante días para poder ofrecérsela a sus lectores,
con escaso éxito.
No estará Miguel Primo de Rivera, amigo de infancia e íntimo durante muchos años
del Monarca, en realidad el hombre encargado de divertirle, esa función que tan
bien desempeña ahora Alberto Alcocer. Precisamente en casa de Primo de Rivera se
hallaba el Monarca la tarde en que, a través de TVE, los españoles se enteraron
de que el Príncipe Felipe, por fin, se casaba. De acuerdo con testigos
presenciales, los comentarios del padre del novio en torno a la elegida no
fueron particularmente favorables.
Tampoco estará Jaime Carvajal (ni su mujer Isabel), amigo personal, consejero, y
miembro de aquel ramillete de elegidos que, siendo niños, fueron compañeros de
estudios del entonces Príncipe Juan Carlos en Las Jarillas. Tampoco la hija de
ambos, Victoria, ex de Bruno Entrecanales, que alguna vez llegó a figurar entre
las eventuales candidatas a la mano del Príncipe.
En su casa quedará el sábado el famoso Abdul Rahman El Assir (casado con María
Longoria), ex cuñado de Kashogi, famoso traficante de armas y hoy intimísimo y
cercanísimo al Monarca, con quien comparte confidencias diarias. La ausencia de
El Assir más parece un inteligente acuerdo entre las partes que un olvido
interesado.
Gente olvidada -e indignada- por docenas en los más elegantes quartiers
madrileños. Es el caso del marqués de Griñón y Fátima, su tercera mujer, "y eso
que hemos tenido al Príncipe y a Leti cazando en nuestra finca muchos fines de
semana". O el del duque de Aveyro. O el del conde de Orgaz, presidente de la
Soberana Orden de Malta en España, con conflicto abierto con Julio Prado, conde
de la Conquista y hermano de Manuel Prado y Colón de Carvajal, el amiguísimo que
hoy cumple condena en Sevilla II, y que es, además del testigo de cargo, el gran
ausente de la ceremonia del sábado. Otros que verán el espectáculo entre rejas
son Mario Conde y Javier de la Rosa, aunque parece que una hija de éste asistirá
a la boda como consorte.
La frase que más se oye estos días en Puerta de Hierro es que "los Borbones son
así de desagradecidos", y si no que se lo pregunten al duque de Alburquerque y a
sus herederos, cuyos antepasados se arruinaron, o casi, por ayudar a don Juan de
Borbón, y que tampoco han sido invitados.
Los apellidos ilustres que, sin embargo, sí asistieron a los enlaces de las
Infantas no entienden lo que denominan "olvido regio". Algunas fuentes aseguran
que, frente al relativo entusiasmo de la Reina, partidaria de matrimonios "por
amor" tras su dura experiencia española, el Rey está tan desilusionado que ha
decidido pasar, al punto de que ha dejado todo en manos de Protocolo, sin
molestarse siquiera en invitar a algunos de sus más significados amigos y/o
asesores en algún momento de su vida. "¡Qué cosa más rara!", comenta Antonio
Fontán.
El recurso `Marichalar´
Algunos notables se pusieron semanas atrás en manos de intermediarios para ver
si lograban la ansiada invitación. Un par de señoras, casadas con importantes
empresarios, decidieron echar mano de Jaime de Marichalar, con quien mantienen
buenísima relación. No hubo suerte.
Pero hay quien, angustiada por el vacío del cartero que siempre llama dos veces
y que durante semanas pasó de largo, decidió cortar por lo sano. La elegante Ana
Gamazo, toda una Hohenhole, esposa de Juan Abelló, optó por llamar directamente
al Monarca. "Os voy a invitar, porque tu marido está en la Fundación Príncipe de
Asturias".
Hay ausencias que chocan, como la de Fernández Tapias y Nuria González, incluso
la de Alberto Cortina y Elena Cué (eso que se pierde la boda). Todos se van de
viaje... También, hasta cierto punto, la de Emilio Ybarra, un hombre que hizo
favores sin cuento al Monarca desde la presidencia del BBV. La única Ybarra
presente será Victoria, hija de Juan Antonio Ybarra y nieta de Javier Ybarra
Bergé, asesinado por ETA.
Sí, en cambio, estará Alfonso Cortina, presidente de Repsol. Naturalmente, los
representantes de las dos grandes fortunas españolas, los hermanos Juan y Carlos
March, y Emilio Botín (del brazo de la elegante Paloma O´Shea), además de Ana
Patricia Botín y consorte. ¿Quién en representación de los 17 millones de
españoles cotizantes a la Seguridad Social? Nadie, que se sepa, a menos que se
considere tales a los sindicalistas Fidalgo y Méndez. Esto no va de pueblo
llano.
Entre el mundo empresarial y financiero, con José María Cuevas a la cabeza,
gente como Francisco González (BBVA), Isidoro Álvarez (El Corte Inglés), Manuel
Pizarro (Endesa), Pérez de Bricio (Cepsa), Miguel Blesa (Caja Madrid), Esther
Koplowitz (FCC) y el marqués de Cubas, y los hermanos Valls-Taberner, Luis y
Javier, siempre tan bien acompañados por sus Cristinas (madre e hija). La niña,
una chica mona y emprendedora, con negocio propio en la madrileña milla de oro,
figuró en su día en las quinielas como potencial Princesa de Asturias.
De los Borbones colaterales, ninguno. Como descendiente de los Capetos sí estará
el discreto Luis Alfonso de Borbón (hijo del desaparecido duque de Cádiz), quien
el sábado presentará oficialmente a su novia venezolana, María Margarita de
Vargas, autoproclamada "descendiente de conquistadores españoles", con quien
contraerá matrimonio el 7 de noviembre en Palm Springs.
Llama a atención la nutrida representación de los medios de comunicación, un
asunto nada casual como pieza esencial que son en el mantenimiento del tabú
monárquico, con Jesús Polanco, el célebre PFFR (Poder Fáctico Fácilmente
Reconocible) a la cabeza, Juan Luis Cebrián (El País), Zarzalejos (ABC), el
imprescindible Luis María Anson (La Razón), por supuesto, y Pedro J. Ramírez (El
Mundo) en compañía de Ágatha Ruiz de la Prada. Al parecer, Pedro J. ha comentado
en la redacción un problema sobrevenido: la decisión de Ágatha de lucir un
vestido de su colección con los colores de la bandera republicana, de la II
República, naturalmente.
Buena representación de la radio: Jiménez Losantos, Carlos Herrera, Luis del
Olmo e Iñaki Gabilondo, además de Matías Prats, entre otros muchos compañeros de
base en la tele dispuestos a comer capón (el ave que se servirá en el almuerzo),
tal que Cristina y Sonsoles Onega, María Oña, Almudena Díez, Alfredo Urdaci o
alguno de los jefes del padre de la novia, tal que el sin par Lalo Azcona.
Aseguran que los invitados de los Ortiz Rocasolano (incluida familia) no superan
los cien. Es tan reducida la nómina que hasta Ana Togores, nueva mujer de Jesús
Ortiz, se quedará en casa. Se trata, en todo caso, de una ausencia que tiene más
que ver con protocolo que otra cosa: Paloma Rocasolano no tiene pareja. Cosas
aparentemente incomprensibles entre la gente del común, pero que encuentran
acomodo entre la singular gente de sangre azul.
Sin olvidar, naturalmente, algunos personajes con los que el Príncipe ha
compartido noches de parranda, tal que Pepe Barroso, el Litri y su antipática
novia, Adriana Carolina Herrera, Adolfo Suárez hijo, Samuel Flores, los amigos
del deporte de la vela (Jorge Ortiz, Fernando León, Javier Vidal), parte de la
familia Puig, patrocinadores del barco de la Infanta Cristina, Pelayo Primo de
Rivera, la familia Entrecanales (Inés, Bruno, Jaime) y, por supuesto, los Fuster,
amigos del alma del Principito, gente toda que formará parte de esos invitados
personales que, al no ser oficiales, no aparecerán en ninguna de las notas de
prensa que distribuirá la Casa Real.
En fin, que como ocurre siempre, ni están todos los que son, ni son todos los
que están.
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