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El beso de
Lady Di y Carlos, el de los príncipes daneses y también el de los
noruegos (abajo) derrotan por lejos al de los asturianos. |
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El tibio beso con
que Felipe y Letizia sellaron su cuento de hadas dejó gusto a poco a los
españoles que siguieron por horas el final de esta romántica historia de amor
entre la plebeya y el príncipe y que con frustración, no pudieron hacer gala
ante el mundo de que “la española cuando besa... es que besa de verdad”.
El beso “ultra light” o “descafeinado”, como lo calificó la prensa rosa
española, que los novios se dieron en el balcón del Palacio Real de Madrid sobre
las frías mejillas de cada uno, nada tuvo que ver con el romántico “piquito” con
que Carlos y Diana sellaron su boda, en 1981, ni menos con el apasionado ósculo
que hace una semana se dieron Frederik y Mary de Dinamarca. O el de hace un par
de años dado por Hakoon de Noruega a Mette Marit. El besito de Felipe y Letizia
ni siquiera logró sacar un suspiro a los súbditos que al clásico grito de ¡el
beso! ¡el beso! esperaban ver una más rotunda muestra de su amor.
Los analistas ibéricos más expertos en realeza y protocolo piensan que la
decepción se justifica, pues con el discreto gesto los príncipes quisieron poner
un epílogo a su fiesta acorde con la situación de duelo que aún transpira
Madrid, tras los atentados del 11-M
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