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Así lo aseguraron los subsecretarios de Política y
Gestión Turística, Daniel Pablo Aguilera, y Promoción y
Desarrollo, Carlos Aime, durante un encuentro con periodistas españoles en
Buenos Aires.
Los ingresos registrados en Argentina gracias al turismo el pasado año ya
triplican a las exportaciones de carne e igualan a las de petróleo, dos de los
sectores tradicionales de la economía de este país sudamericano.
El sector contabilizó un total de 18 millones de visitas nacionales e
internacionales, lo que supuso un crecimiento del 18 por ciento con respecto al
año anterior y, entre los turistas extranjeros, fueron los españoles los que más
aumentaron (un 52 por ciento).
Según coincidieron en afirmar Aguilera y Aime, se espera que el turismo alcance,
a corto plazo, un peso del 12 por ciento en el PIB del país, una cifra similar a
la que mantiene España.
"Nuestra meta es insertar a Argentina en la elección de los turistas
internacionales y, para ello, es necesario que la actividad privada se movilice
y responda a la demanda que se está generando", gracias a los atractivos del
país y a la devaluación del peso, explicó Aguilera.
El Plan Estratégico turístico del Gobierno argentino actúa sobre la base de tres
tipos de mercados en el contexto internacional: los considerados prioritarios,
los estratégicos y los potenciales.
Entre los primeros se encuentran los cinco principales países emisores de
turistas extranjeros: el Reino Unido, Francia, Alemania, España e Italia.
El Gobierno de Buenos Aires considera además como mercados estratégicos los de
México y Canadá y, sobre todo, los países del norte y del este de Europa donde,
según Aime, "se ve cada vez más interés por los diferentes destinos argentinos".
Otros mercados potenciales son, para las autoridades del país sudamericano,
China, la India, Rusia y Japón "por sus grandes niveles de población y el
crecimiento de su poder adquisitivo", aseguraron los dos responsables de la
Secretaría de Turismo.
Aguilera señaló que el sector turístico se convirtió en "una gran mano de ayuda"
en muchas regiones cuando sobrevino la grave crisis económica que afectó al país
hace dos años. "Fue entonces, -dijo- cuando nos dimos cuenta de que era
necesario apostar por su desarrollo".
Pero sólo se logrará transformar a este sector en el motor de la economía
argentina si se implica al resto de actividades que tradicionalmente han
acompañado la producción del país, como la agricultura o la ganadería.
"Se trata de convertir un país de producción de materias primas en una nación
de servicios", aseveró Aguilera, quien precisó que "falta aún mucho
trabajo por hacer en este terreno, aunque ya notamos la sensibilidad de muchos
sectores para incorporarse al desarrollo turístico".
La mayor dificultad a la que se enfrenta Argentina para conseguir estos
objetivos es aumentar su conexión aérea con otros países y dentro de la propia
nación, según explicaron ambos subsecretarios.
En este sentido, Aime aclaró que "aunque se han incorporado nuevas rutas y
frecuencias, y ha habido un importante crecimiento de la actividad
'aerocomercial', la situación es aún delicada y necesita de mayor atención".
"Queremos que el turista optimice sus horas, y dedique el poco tiempo que
tiene para visitar y disfrutar de las cosas y no lo gaste en aeropuertos o en
malas carreteras", subrayó.
Los responsables de Turismo argentinos aseguraron igualmente que el país
mantiene unos niveles de seguridad aceptables, por encima incluso del de los
países vecinos, por lo que este factor no representa un problema para el
desarrollo turístico.
También descartaron que se hayan producido desencuentros políticos entre
Argentina y sus vecinos, especialmente Chile, para acometer proyectos de
desarrollo turístico conjunto.
"Cuando hablamos de turismo, no hay diferencias políticas", aclaró
Aguilera, quien aseguró que "tenemos las mejores relaciones con Chile en el
tema turístico. Compartimos una gran frontera y las actividades privadas de
estos dos países están en sintonía y trabajamos mancomunadamente", añadió.
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