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Y no es casual: los casos de mutilación son frecuentes en el
reino. Del último de ellos se informó el martes. La víctima es un campesino de
29 años. Médicos y psicólogos tratan de explicar los motivos de esta violencia
conyugal extrema. La poligamia, oficialmente prohibida hace solamente cien años,
sigue siendo una tradición muy extendida y es causa de dramas en numerosos
matrimonios.
Además, en Tailandia el pene es venerado como un símbolo de poder y de
fertilidad, agregan los especialistas. En todos los mercados del país o en las
proas de los barcos abundan los falos de piedra o de madera. Finalmente, el
hecho de que toda cocinera tailandesa que se respete esté equipada de buen
número de afilados cuchillos agrava el problema.
En su consultorio del hospital Paolo Memorial de Bangkok, el doctor Surasak
Muangsombot, cirujano, recuerda haber injertado por primera vez un pene en 1978,
y señala que descubrió rápidamente que esas espantosas mutilaciones son una de
las formas de violencia conyugal de Tailandia. Desde 1978, solamente el equipo
del doctor Surasak ha operado a 33 hombres.
Y, en general, los especialistas se ven enfrentados a un trabajo difícil, ya que
a menudo las mujeres celosas se encarnizan con el órgano que han cortado. El
doctor Surasak da un prudente consejo a los hombres que no resisten a la
tentación de la infidelidad: "Si usted tiene una amante, su mujer estará loca de
furia y dispuesta a todo. En tal caso, trate de hacerla feliz, pero por si acaso
tenga siempre a mano un termo...y el nombre de un buen cirujano".
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