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Agencias - Neonilla Samoukhina es una de las investigadoras
del “Instituto de Coitología” de San Petersburgo, Rusia. Por eso ella se llama a
sí misma “coitologista”, lo que vendría a ser algo así como experta en coitos o
relaciones sexuales.
Según la BBC, uno de los primeros trabajos que esta rusa hizo para este peculiar
instituto ocupado en investigar los aspectos culturales de la sexualidad -a
través de los departamentos de coitología etnográfica, coitología práctica,
coitología lingüística y arte erótico-, fue un manual llamado “Kamasutra para
los oficinistas”.
Samoukhina recorrió varias compañías rusas preguntando sobre los hábitos íntimos
de los trabajadores y encontró que las costumbres sexuales de sus compatriotas
oficinistas dejaban mucho que desear.
Como primer dato la investigadora constató que en la mayoría de las oficinas de
San Petersburgo, las relaciones sexuales ocurren de forma azarosa, es decir, sin
tener que ver con vínculos personales previamente establecidos. Y también halló
que el 99 por ciento de los trabajadores contaban experiencias sexuales que
habían ocurrido en el baño o en la sala de descanso.
Fue ahí que Samoukhina se sintió desilusionada de la poca inventiva rusa y creó
su manual que, escrito en tono humorístico, da claves para que los empleados de
su país se relajen más durante las horas de trabajo. Por eso sugiere lugares más
exóticos para concretar los romances de oficina. Por ejemplo: los ascensores,
las partes traseras de los edificios o las mesas de billar que al parecer tienen
algunas compañías de allá.
“Los rusos pasan cada vez más tiempo en el trabajo. Para muchos la oficina se ha
convertido en el segundo hogar y, como resultado, ésta ha adquirido muchas
características de la vida privada”, dijo la estudiosa y agregó que el fin de su
trabajo es “proporcionar alegría y satisfacción al estresado estilo de vida de
los oficinistas rusos”
Y para mostrar mejor lo que ella entiende por satisfacción, Samoukhina se
encargó de que el libro esté ilustrado con sugerentes fotografías tomadas en
distintas empresas de San Petersburgo. |