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Agencias - "Dos adultos entran a una habitación, acuerdan un
precio y tienen sexo. ¿Cometió alguno un crimen? El sentido común sugiere que
no: el sexo no es ilegal en sí mismo, y el hecho de que una plata haya cambiado
de manos no convierte este acto privado en una amenaza social. Si las dos partes
consienten, es difícil que una de las dos personas sea una víctima".
Esta fue la editorial de la prestigiosa revista "The Economist", algo así como
la biblia periodística del liberalismo económico y moral.
La publicación explica que en los 90 la discusión sobre este asunto tendía a la
liberalización. Pero que ahora la corriente sopla en el otro sentido.
Según la revista son tres los argumentos de los abolicionistas. Desde la derecha
conservadora se dice que la prostitución es inmoral y que la sociedad se rebaja
a sí misma si la acepta. A ellos, "The Economist" responde: "Los liberales creen
que aquello que fue consentido por adultos en un ámbito privado es asunto de
ellos".
Los de izquierda estiman que las prostitutas son víctimas citando estudios sobre
los altos índices de abuso sexual y uso de drogas entre ellas. "The Economist"
contesta, primero, que la mayoría de esos estudios son hechos por centros
interesados y por la policía, que escoge los peores casos. Y segundo, que la
prostitución no es la causa de la drogadicción.
Y el tercer argumento de los abolicionistas, asocia la prostitución a distintos
flagelos, como tráfico de drogas, pedofilia, mafias. Pero la revista esgrime que
la penalización de la prostitución provoca eso. Si se legaliza, quienes la
ofrecen podrían gozar de seguridad social en lugares establecidos evitando
riesgos como trabajar en la calle.
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