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Muchas veces las personas ansían que llegue la noche para
salir de su realidad habitual y trasladarse a una "realidad nocturna". Entonces,
el inconsciente empieza a actuar, llevándolas a un mundo que, quizá, siempre
quisieron. Comienzan una nueva vida en que se liberan los deseos y temores más
profundos, que son incapaces de reconocer cuando están despiertas.
El poder del sexo, una de las fuerzas más grandes de la naturaleza, no sólo está
presente en nuestra vida cotidiana, sino que también se manifiesta en los
sueños. Freud, el creador del psicoanálisis y uno de los primeros en sumergirse
en los abismos de la mente, creía incluso que todos los sueños tenían un
componente erótico. Los sueños eróticos se refieren al sujeto que se encuentra
inmerso en experiencias sexuales, sensuales y eróticas reprimidas en el
inconsciente, acogidas de la realidad rutinaria, consigo mismo o con otra
persona, sea hombre o mujer.
Hay que entender por erótico todo aquello que es capaz de promover el deseo y
por sensualidad todo lo referente a producir placer. Los sueños eróticos son por
lo general distintos de la conducta sexual y social que la persona practica
despierta. Pueden ser violentos, disparatados, arrebatadores, perversos,
responden a conflictos sexuales íntimos y necesidades emocionales ocultas,
revelar miedo a la intimidad y, además, prevenir contra determinadas relaciones.
Sea como sea, un sueño erótico puede ser tan excitante como una experiencia real
y muchas veces son bien recibidos.
Pero las fantasías de los hombres no son las mismas que las de las mujeres.
Mientras ellas sueñan con alguien conocido, ellos suelen hacerlo con mujeres
anónimas. Es un hecho que la relación personal es un aspecto muy importante para
la psicología femenina.
La educación de ambos, el sexismo existente en el subconsciente colectivo y el
transmitido en los medios de comunicación, hace que las mujeres se sientan más
vulnerables durante los sueños y esto es así, aunque se trate de personas
fuertes o decididas en la vida diaria. |