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Agencias - Desde minúsculas esferas de minerales diseñadas para penetrar en
la piel hasta relajantes musculares, las compañías de cremas anti arrugas no
escatiman en investigaciones en busca de la codiciada fórmula que consiga vencer
al tiempo.
Es este un enemigo formidable y por eso estas empresas, desde Estée Lauder
hasta Freeze 24/7 o Procter & Gamble (fabricante de Olay), acuden cada vez en
mayor medida a tecnologías hasta hace poco reservadas a otros campos.
Sus científicos llevaban años desarrollando productos químicos contra las
arrugas, pero ahora se trata de conseguir que estas sustancias penetren en la
piel, naturalmente diseñada para impedir su paso.
"Lo que estamos viendo en el mundo del cuidado de la piel es un reflejo
del avance de la tecnología en farmacéutica y biotecnología", señala Karyn
Grossman, dermatóloga y portavoz de Estée Lauder.
Entre los nuevos campos que hasta hace bien poco nada tenían que ver con el
tocador está el de la nanotecnología, la ciencia que estudia el comportamiento
de lo muy pequeño.
Se trata de manipular lo microscópico para alcanzar lo grande: la industria
de los tratamientos faciales movió el año pasado 7.000 millones de dólares en
EEUU, según la consultora Kline & Company, cuyos datos indican que el mercado
creció a un ritmo del 6 por ciento los últimos cinco años en este país.
En el intento por conseguir la pócima mágica perecieron no pocas ideas que en
su día se consideraron brillantes, como la de las microagujas que penetran en la
piel para facilitar el paso de las sustancias.
Estas microagujas parecían lo ideal hasta que se descubrió que componentes no
deseados como preservativos, irritantes o microbios podían penetrar también en
la piel junto con los ingredientes rejuvenecedores.
De esta manera, las microagujas han sido reemplazadas por minúsculas esferas
de material proteínico que disuelven las enzimas de la piel, o relajantes
musculares elaborados a partir de un ingrediente que contienen las pastillas
contra la ansiedad.
La industria se esfuerza en probar con estos y otros refinados ingenios que
los botecitos contienen algo más que esperanza, pero para los consumidores no
existen garantías de la eficacia de estas tecnologías.
El problema es que las cremas no están reguladas por la Administración de
Alimentos y Medicamentos (FDA, por sus siglas en inglés), lo que significa que
el gobierno no avala su efectividad.
Por otra parte, en la mayoría de los casos los tratamientos son muy nuevos
como para haber superado la prueba del tiempo, y a ello hay que añadir la
ambigüedad innata de los remedios que prometen frenar el "mal" de la vejez.
Mientras su publicidad no se refiera a la prevención o tratamiento de una
enfermedad, estas cremas pueden prometer el oro y el moro sin que, de momento,
se lo impida la ley.
Existen múltiples recovecos por los que colarse: si un producto incluye
protección solar, por ejemplo, ya puede alegar que también tiene propiedades
anti envejecimiento.
Esta situación, no obstante, podría cambiar en el futuro si se interponen
demandas como la que inició a principios de enero de una mujer de California
para luchar, precisamente, contra esta ambigüedad.
Debra Scheufler, de 47 años, se dirigió en su iniciativa legal contra las
tiendas Neiman Marcus y Nordstrom y Estee Lauder, y el fabricante de Clinique y
Mary Kay, por vender cremas anti arrugas que supuestamente emplean publicidad
engañosa.
"Estos productos se dirigen a mujeres de mi edad. Nos quieren hacer creer que
el reloj puede ir hacia atrás, pero eso no es cierto", alega Scheufler en su
demanda, interpuesta en San Diego.
Los abogados de Scheufler acusaron a las compañías de prometer milagros que
ninguna tecnología es capaz de producir. Al menos por el momento. |